Ser grafólogo no es solo aprender un método y lanzarse a analizar escrituras a diestro y siniestro. Ser grafólogo implica aprender, estudiar y comparar. Los buenos grafólogos son los que tras años de experiencia y formación son coherentes en sus argumentos, no solo cuando lo comunican al interesado, sino también cuando cotejan y comparan resultados con otros expertos. En este artículo grafólogos suizos, alemanes y franceses comparan formas de proceder. En el caso del método francés se puede seguir con facilidad el esquema que se utiliza habitualmente en esta escuela.
